Deprecated: Optional parameter $prefix declared before required parameter $extension_name is implicitly treated as a required parameter in /home/lagourz/www/wp-content/plugins/mwt-unyson-extensions/mwt-unyson-extensions.php on line 86

Deprecated: Optional parameter $full declared before required parameter $zip_path is implicitly treated as a required parameter in /home/lagourz/www/wp-content/plugins/unyson/framework/extensions/backups/includes/module/tasks/class--fw-ext-backups-module-tasks.php on line 985

Deprecated: Optional parameter $option_id declared before required parameter $value is implicitly treated as a required parameter in /home/lagourz/www/wp-content/plugins/unyson/framework/extensions/megamenu/helpers.php on line 193

Deprecated: Optional parameter $method declared before required parameter $args is implicitly treated as a required parameter in /home/lagourz/www/wp-content/plugins/unyson/framework/extensions/social/extensions/social-facebook/class-fw-extension-social-facebook.php on line 104

Deprecated: Optional parameter $method declared before required parameter $args is implicitly treated as a required parameter in /home/lagourz/www/wp-content/plugins/unyson/framework/extensions/social/extensions/social-facebook/helpers.php on line 17
Palais de l’Elysée – La Gourmandista

Cooking in progress...

Etiqueta: Palais de l’Elysée

Técnicas básicas de cocina: ¿Cómo cortar las verduras sin cortarse los dedos?

La primera semana de clases parecía ser que uno de los retos más importantes sería levantarme a buena hora para llegar a clase. Para mitigar el riesgo de quedarme dormida he decidido dormirme a la hora que mi madre me habría mandado a la cama cuando iba en la secundaria; bien, exagero, pero es cierto que trato de dormir a más tardar a las 10:30 de la noche. Así, por lo menos hasta el día de hoy no ha habido sustos matutinos. Esperemos así siga.

Tras las clases de orientación, higiene y demás temas que si bien son igualmente importantes que las prácticas frente a las hornillas, aún estaba yo tranquila y no me sentía todavía bajo presión. Quería leer todo el material electrónico que me entregaron en una memoria USB y hasta planeaba leer por completo el libro de consulta. Aún espero lograrlo antes de que tenga que estudiar para el examen final, jajajaja!

Atónita por las biografías de los chefs que estarían a cargo de mi formación llegué a mi primera demostración. Tocó estar con un hombre de baja estatura, que parecía ser muy gentil porque hasta echaba alguna bromilla por aquí y por allá, pero cuyo paso por el Palacio del Elíseo y el haber cocinado para la mismísima reina de Inglaterra me sonaba bastante serio. Él nos enseñó, con toda paciencia, todas y cada una de las formas posibles para cortar, rebanar, picar y hasta tornear las verduras.

Con toda honestidad me sonaba y parecía sencillo, él lo hacía en un abrir y cerrar de ojos… hasta que me tocó tener en mi mano el cuchillo por el mango. Había que estar derecho, bien plantado, fijar la tabla de picar, sacar el trabajo correctamente y encima no cortarse con tremendos filos. Por primera vez sentí miedo de rebanarme un dedo, porque ¿sabía usted señor lector que un dedo generalmente no se puede pegar de vuelta? ¡Ay, qué susto! Y obviamente, ¡zaz! que me corto. Pero que no cunda el pánico que solo fue un poquito. A decir verdad, dolió más el orgullo por haber sido la primera en derramar una gota de sangre que otra cosa. Al día de hoy mis “brunoises” siguen estando muy grandes, mis “julianas” muy gruesas y las papas ni son todas del mismo tamaño ni tienen 7 caras, pero ahí va la cosa. Seguiré practicando el fin de semana; suerte que ya es viernes y mañana es el primer sábado que no tengo clases.

Ahora, corro a la última clase de la semana y no dejo evidencia fotográfica porque simple y llanamente no cuento con ella.

¡Buen fin de semana!

De visita en el Palacio del Elíseo, la casa del Presidente de Francia

Entrando por el jardín

Íbamos llegando a vivir a esta ciudad cuando por primera vez vi el afiche de las llamadas Jornadas Europeas del Patrimonio. Un fin de semana de excepción para visitar esos lugares que normalmente están cerrados al público. Sonaba increíble, pero el proceso de instalación no permitía hiciéramos por el momento una visita cultural de tal envergadura, pues según se escuchaba, la gente debía llegar muy temprano si quería alcanzar entrada o algo así.

Con el paso del tiempo y conforme nos fuimos aclimatando a la ciudad y su programa de actividades entendí de qué se trataba el evento. Permitían que los ciudadanos y residentes visitaran esos lugares excepcionales y que forman parte del patrimonio nacional, los cuales normalmente es imposible entrar porque son oficinas del gobierno, principalmente. Para unos bastaba con levantarse incluso antes de que cantara el gallo y llegar a hacer fila, literalmente al alba. Para otros, había que anotarse en la lista de actividades y/o visitas para estar ‘inscritos’. Todos llamaban mi atención, pero si no me levantaba demasiado tarde, se me olvidaba, o no conseguía inscribirme por falta de cupo. Por ello, este 2014 decidí que no dejaría pasar la fecha y que tacharía de mi bucket list, ese lugar que con toda claridad y particularmente me daba más curiosidad que cualquier otro: El Palacio del Eliseo.

La oficina del Señor Presidente

 Este antiguo hotel particular, cuya historia comienza a inicios del siglo XVIII y que no me detendré a contar porque de lo contrario esta entrada se volverá un relato bastante más largo de lo que debería, guarda entre sus paredes no nada más la historia de la Francia de aquellos años, sino de la actualidad. No estoy segura si a estas alturas del mandato ahí vive el Sr. Hollande, pero lo que sí no tengo la menor duda es que ahí despacha. Es la residencia oficial de la Presidencia de la República.

Mi compañero de aventuras tomaría un vuelo al otro lado del mundo y no podía acompañarme, sin embargo, mi decisión estaba tomada. No me perdería la visita por ningún motivo. Para ello, me dispuse a dormir temprano, puse la alarma de mi teléfono celular a la pecaminosa y tempranísima hora que consideré adecuado levantarme: 4:00 AM. Me preparé y salí con toda puntualidad para tomar el taxi que había reservado la noche anterior y que me llevaría incluso antes de que comenzara a correr el servicio de transporte público. Mi meta era entrar en el primer grupo. Muchos con quienes comenté mi decisión me voltearon a ver como si quisieran decirme que estaba yo fuera de mis casillas. La verdad es que no. Mis cálculos fueron precisos.

A las 5:30 AM salí de casa bañada, desayunada y bien abrigada. Incluso llevaba una ‘segunda ronda’ de café entre mis manos acompañada de una lectura para que la espera fuera menos tediosa. Llegué y me instalé. Creo que había menos de 20 personas delante mío. Me sentí orgullosa y me instalé a leer. El metro comienza a correr por ahí de las 5:30 AM también, pero claro que el desplazamiento a esa hora es mucho más eficaz en automóvil, por lo que creo que llegué unos 15 minutos antes que la marabunta de la primera parada que hizo la línea ahí a un costado de los Campos Elíseos. Para las 7:30 AM y sin que aún hubieran abierto las puertas, aquella fila ya daba vueltas como culebra una y otra vez. Era como una larga fila de Disneylandia en pleno verano. Algún policía amablemente compartió que esperaban más de 20 mil personas a lo largo del fin de semana. Con toda honestidad, no puedo negar que conforme el barullo incrementaba y mis ojos veían el entorno, así como el escuchar de los comentarios de los organizadores a un costado de los visitantes, me hacían sentir tremendamente afortunada y orgullosa por mi hazaña.

Finalmente dieron las 8:00 AM, las rejas debían abrir en cualquier instante. Por ahí algunos se preguntaban si el señor Presidente saldría a saludar. Yo pensé que probablemente lo haría con los que estaban un poco más atrás y que lograrían hacer su visita a eso del medio día. Seguramente había a quienes les hacía más ilusión que a mí saludarle. Al entrar me quedé sin palabras. Recorrí pacientemente salones, oficinas, comedor, salón de fiestas, salas de reunión y jardines. Tomé fotografías a mi paso. Me detuve donde mis ojos me lo demandaron.  Menos de dos horas más tarde estaba yo de vuelta en casa con todo y souvenirs.

El resto del día pude haber aprovechado para ir a algún otro sitio y aprender más sobre el patrimonio de este país, pero preferí quedarme en casa, ver las fotografías tomadas y disfrutar una y otra vez de la visita hecha en mi mente y las más de 150 imágenes que había levantado en el recorrido. No cabe duda que si vuelvo a tener oportunidad de hacer este tipo de visita aprovecharé para ir a la Asamblea Nacional o a la oficina de la alcaldesa de la ciudad.

La entrada principal

es_MXSpanish